viernes, 27 de marzo de 2009

La constitución de 1812, patrimonio de la humanidad

La constitución de 1812, patrimonio de la humanidad
La constitución de 1812, patrimonio de la humanidad


Alberto Ramos Santana. Catedrático de Hª Contemporánea de la UCA y Vocal de la Comisión Nacional del Bicentenario de la Constitución de 1812 09/11/2007


El canciller austríaco Metternich dijo, refiriéndose a la influencia de la Constitución española de 1812 en los movimientos liberales europeos, que la que se conocía como revolución española era todavía peor que la francesa, pues la segunda había sido local, "y la española era europea". Y no le faltaba razón.

Se ha destacado, con justicia, la trascendencia que la Constitución de 1812 tuvo en el desarrollo de la contemporaneidad en Europa y en América, ya que la norma gaditana se convirtió en el modelo y en el estandarte de las reivindicaciones de libertad de muchos pueblos del viejo y del nuevo continente, un modelo, el gaditano, que cobró más fuerza porque España se convirtió, durante la Guerra de Independencia, en un laboratorio de formas de lucha, teóricas y prácticas, contra el Antiguo Régimen.

En general, es bien conocido que el ejemplo constitucional gaditano saltó el Atlántico y fue seguido en América, principalmente en las antiguas colonias del imperio español, que en el proceso emancipador y de su propia consolidación como naciones libres, siguieron el texto de la Constitución española de 1812.

La Emancipación de los territorios españoles en Américo se vio favorecida por la coyuntura bélica y política que vivió España entre 1808 y 1814. La intromisión de Napoleón en los asuntos españoles y la supresión de hecho de la dinastía de Borbón, origen a la guerra de la Independencia española, provocaron, como en España, la aparición de Juntas de gobierno en las principales ciudades americanas. Juntas que, si en principio reconocieron la autoridad real de Fernando VII, también propiciaron el comienzo del proceso emancipador, aunque la convocatoria y reunión de las Cortes de Cádiz, primero, y la proclamación de la Constitución de 1812, inclinaron a cierta moderación a los movimientos independentistas al confiar en que el nuevo escenario político español propiciaría también una nueva organización política, social y económica de los territorios americanos.

Sin embargo, el retorno al trono de Fernando VII y la vuelta al absolutismo en 1814, provocó la reanudación de las confrontaciones y la guerra abierta. En 1820 el pronunciamiento de Riego en Las Cabezas de San Juan, facilitó a los patriotas americanos la realización de las últimas campañas militares, que les llevarían al triunfo final y a la independencia.

Las luchas por la emancipación no impidieron que el modelo político que se estaba elaborando en las Cortes de Cádiz, que tuvo como paradigma la Constitución de 1812, fuera el principal referente ideológico y político de las nuevas naciones americanas. Tras conocerse la restauración del absolutismo en España, después del regreso de Fernando VII en 1814, los independentistas de Nueva España proclamaron el 20 de Octubre de ese mismo año la Constitución de Apatzingán, que copiaba muchos aspectos de la gaditana, aunque adaptándolos a las circunstancias del país americano, lo que confirma el carácter de referente que la Constitución de 1812 cobró desde los primeros momentos, convirtiéndose en recurso de interinidad en muchos lugares, mientras se redactaba la propia constitución.





















































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