domingo, 15 de febrero de 2009

LOS INDIFERENTES

LOS INDIFERENTES
ALBERTO MORAVIA
Traducción de R. COLL ROBERT
© 1966, Ediciones G. P.
Enrique Granados, 86-88 – Barcelona
Depósito Legal: B. 35174-1266
Difundido por PLAZA & JANES, S. A.
Barcelona: Enrique Granados, 86-83
Buenos Aires: Montevideo, 333
México D. F.: Amazonas, 44
Bogotá: Carrera 8. Núms. 17-41
LIBROS RENO son editados por
Ediciones G. P., Barcelona - ESPAÑA

De la solapa frontal del
libro:

En LOS INDIFERENTES, Moravia realiza un análisis despiadado del
desencanto y la desmoralizació

n que caracterizan a extensas capas de
la sociedad de nuestro tiempo. La incertidumbre y la indiferencia son
estudiadas como una enfermedad; las oscuridades del subconsciente son
exploradas como si fueran una espesa selva. El autor tiene un modo
cáustico de examinar los vicios y errores humanos, y un señalado
interés por las situaciones ambiguas y el juego de los apetitos. A
ello se suma una honda preocupación por aclarar paisajes interiores,
así como una obsesión por llevar ciertas premisas hasta sus últimas
consecuencias.

http://aladecuervo.net/logogrifo/0502/sem2/alberto_moravia.htm

Alberto Moravia, maestro narrador de la alienación, Por Teódulo López
Meléndez

Alberto Moravia (seudónimo de Alberto Pincherle) nació en Roma en
1907, en el seno de una familia de media burguesía; su padre era
arquitecto y pintor. Fue un niño muy enfermo, sufriendo, incluso, de
tuberculosis ósea, enfermedad que lo acompañará hasta avanzada la
adolescencia. A los 16 años y medio, como gustaba de precisar
Moravia, comenzó a escribir la que sería su novela más famosa, Los
indiferentes , publicada en 1929. No tuvo ninguna preparación
académica, pero fue un voraz lector. Siempre vivió en Roma, ciudad
que consideró tranquila y de buen clima, aunque en determinado
momento comentó que si tuviera voluntad de cambiar de ciudad quizás
viviría en París. Fue un viajero impenitente, llegando, incluso, a
residenciarse en México por un año. Su vida sentimental fue agitada.
En 1941 se casó con la escritora Elsa Morante, formando una pareja
clásica de la literatura italiana que persistió a pesar de su
separación de muchísimos años; la Morante falleció en Roma luego de
una larga enfermedad. Moravia vivió 20 años con Dacia Maraini y se le
contaron numerosas amantes. Finalmente se casó con Carmen Llera, una
española de treinta años, boda que ocupó espacio no sólo en las
páginas especializadas en tales sucesos sino en las literarias, pues
numerosos poetas y escritores escribieron sobre el acontecimiento.
Moravia fue extraordinariamente prolífico y sus obras completas como
narrador y ensayista, incluso teatrales, son de difícil enumeración.
En relación a su obra, he llegado a contar más de 560 libros o
artículos de fondo, sólo en Italia, haciendo notar que fue traducido
a numerosos idiomas y despertado el interés de numerosos críticos
extranjeros.
Los indiferentes
Su obra narrativa más famosa es la primera, Los indiferentes. El
joven Moravia se propuso una tragedia a la manera de Shakespeare,
pero le salió una novela con evidente influencia de la estructura
teatral. Empleó tres años en el esfuerzo, para encontrarse con el
rechazo de las editoriales. Al fin la publica y comienza un período
que tiene su primera escala en Suiza. Moravia es, pues, ese tipo de
escritor cuya obra más importante es la primera.
La novela tuvo un gran éxito, fundamentalmente por resultar bastante
escabrosa para su tiempo, lo que llevó a las acusaciones de
inmoralidad que los puritanos pronuncian en estos casos. Aquí se
encuentra la descripción de un universo negro y un enredo de
existencias oscuras de auténticos enfermos morales. En verdad puede
decirse que este libro desmitificaba el moralismo fascista y mostraba
la carencia de todo valor ético de la sociedad italiana. En aquellos
años era la poesía la predominante y la aparición insospechada de un
escritor realista que describía un tipo humano incapaz de vivir y
sumergido en la "indiferencia", paradigmática actitud existencial,
fue recogida por buena parte de la literatura europea. Esto ha
llevado a decir que Moravia fue el precursor de una especie
de "existencialismo literario" que recoge Sartre 15 años después.
Era, por lo demás, una prosa clara y precisa que contrastaba con la
literatura dominante del momento.
Como ocurre en estos casos de primera obra imprescindible, se ha
repetido mucho que Moravia no hizo otra cosa que escribir siempre el
mismo libro. Borges se hubiese sentido a gusto con esta afirmación,
pero también el propio Moravia que admite la cuestión como cierta, no
sin dejar de observar que la diferencia está en que cada año cambia
su manera de ver los mismos temas. Desde esta primera novela la
crítica lo comenzó a llamar poeta de la indiferencia y el
aburrimiento, calificativo reforzado con La Noia, novela-ensayo de
1960. Moravia, en mi óptica, es el gran novelista de la alienación,
fenómeno de nuestro tiempo. Comenzamos a verlo en Los indiferentes,
donde prevalece una insuficiencia, una incapacidad de adecuarse a la
realidad, al tiempo que la realidad misma es escasa. Oscuridad y
vacío rondan desde la primera hasta la última página. Los
protagonistas se debaten en la incapacidad para la comunicación, para
morder la realidad, mientras todo es presidido por lo que bien
pudiera llamarse una "enfermedad de los objetos", dado que es
imposible establecer un verdadero contacto con ellos y una auténtica
relación con los hombres. Al tomar una típica familia de la burguesía
romana para su novela, Moravia hace una escogencia que se repetirá a
lo largo de toda su obra. Bien se puede hablar en él de un realismo
novedoso y alguna crítica llega a dudar si es un escritor realista
alguien que vive en el sueño afirmando que parece más bien un
escritor onírico, duda que Sanguineti ("Alberto Moravia", Murcia,
1977) resuelve cuando asegura que esta es una opinión de quienes no
comprenden el realismo burgués, fatalmente condenado a una dimensión
absolutamente fantástica en una honesta dimensión del sueño (como
puede proponérselo el honesto Michelle de Los indiferentes o el
Agostino de la novela del mismo nombre, un sueño del "país
inocente"). Entre 1935 y 1940 escribe una serie de obras consideradas
como no muy relevantes. Son propiamente digresiones sobre la
problemática moral de los indiferentes. Le ambizioni sbagliate (1935)
se caracteriza por la aparatosidad. La mascherata (1941) es de pura
polémica política. L´epidemia (1944) nos presenta una visión
surrealista. En este mismo año aparece Agostino, donde se hace más
patente la búsqueda del "país inocente", en la óptica diversa de cada
uno de los personajes. Este tema, característico de la literatura
italiana del pasado siglo (incluso en la poesía), asoma una obvia
imposibilidad de adaptación. Para Michelle, el protagonista de Los
indiferentes, el "país inocente" es uno como aquél de la sociedad
burguesa anterior a la irrupción fascista; para Agostino se trata más
bien de una "sociedad natural", de una sociedad sin historia, más
allá de la historia. Moravia había dicho, hablando de Los
indiferentes (en Storia dei miei libri, Epoca Lettere, Nº 231, 28 de
marzo de 1953), que era el drama de la búsqueda de una razón absoluta
para la acción y la vida, búsqueda que en tales condiciones y
circunstancias estaba evidentemente destinada al fracaso.

http://betote.wordpress.com/2007/02/18/los-indiferentes-alberto-
moravia/

Esta novela, publicada en 1929, tiene la, digamos, desvergüenza de
atreverse a ser una novela existencialista años antes de que Sartre
inventara el Existencialismo. Por supuesto, esto se descubrió a
posteriori y sin merma alguna de la fama de Sartre como padre de este
movimiento filosófico. Hasta entonces, pasó por una arriesgada novela
de denuncia social.
La acción de la obra transcurre en un fin de semana, tres días que se
corresponden con los tres actos del teatro clásico y sus funciones de
planteamiento, nudo y desenlace. Los protagonistas, los miembros de
una familia bien venida a menos que ven cómo su pasividad y su poca
capacidad para conciliarse con su mundo emocional (que o bien
reprimen o bien dejan totalmente al mando) los arrastra poco a poco
al centro de una telaraña tejida por Leo, el villano manipulador
amante de la madre, seductor de la hija, sometedor del hijo y único
personaje de la novela que muestra una auténtica energía vital.
Pero esta falta de vida de los personajes no se debe a una carencia
del autor, sino a una voluntad de estilo. Moravia nos muestra cómo la
inacción, el dejarse llevar, es el curso vital elegido por la mayoría
de la masa burguesa que no tiene un verdadero motivo para luchar y,
así, se ve arrastrada a un gris en el que se es una fácil víctima de
todo depredador dispuesto a aprovecharse de esta inercia para
conducir a su presa por los caminos más ventajosos para él.
Estilísticamente, como ya se ha visto en la organización de la obra,
Moravia sigue los pasos de la técnica teatral, adaptándola a la
novelística, con una prosa más descriptiva que valorativa y haciendo
un uso frecuente de la introspección y la expresión directa de los
pensamientos de los personajes para presentarnos la multiplicidad de
puntos de vista y sus estados emocionales al modo de monólogos y
apartes, todo de un modo coherente y efectivo que hace perdonar
algunos (pocos) errores achacables a la edad e inexperiencia del
autor en las fechas en las que compuso la novela.

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